Cuando Cristóbal Colón llegó a América, hace 500 años, jamás habría pensado en que, en un futuro remoto, se libraría una guerra por el agua, cinco siglos después. Cuando los conquistadores españoles llegaron a nuestro continente, empezarían a emprender otra guerra muy diferente, esa vez, por el oro.

La Invasión Avasallante de los Conquistadores en América

agua americaCon sus “modernas armas” activadas con pólvora y provistas de acero, se enfrentaron a los incipientes palos, flechas, arcos y piedras de unos indígenas que, en un principio, no se presentaban, para nada, hostiles con los invasores españoles. Es más, los consideraban como dioses que “bajaron del cielo” y, en tal virtud, los colmaron de todo tipo de atenciones.

Pasados 500 años, reiteramos, es poco lo que ha cambiado, en el sentido de que se siguen librando todo tipo de luchas, como es el caso de la guerra por el agua, en las que, como casi siempre sucede, el pequeño, débil y vulnerable se tiene que defender ante el grande.

La escasez del agua, un recurso vital para la subsistencia misma de los pueblos, hace que los grandes y poderosos pretendan arrebatarles, a sus dueños legítimos, el “oro de la actualidad”: el agua.

Colón no supo determinar si existía la propiedad privada entre los pueblos indígenas, como sí la había, por supuesto, en el Viejo Continente, porque todo lo que él mismo y sus acompañantes les pedían, ingenuamente y generosamente, se los daban.

Así las cosas y ante tan débil e ingenuo “enemigo”, Colón (y los posteriores y ambiciosos conquistadores) impuso sus condiciones, esto es, una religión y unas leyes que, básicamente, eran de carácter tributario, porque era necesario enviar recursos a la Corona, cuyas arcas estaban absolutamente minadas.

Pero, lo que en un principio, era un intento por “evangelizar” a los indios, se convirtió en una brutal y desmedidaconquista agua utilización del poderío y la enorme superioridad militar, de los ricos y poderosos, para apoderarse (como sigue sucediendo en la actualidad) de todo lo que producían esta ricas y extensas tierras.

Los conquistadores no tuvieron el más mínimo recaudo, para avasallar matando indiscriminadamente, esclavizando, violando y llevando a cabo toda clase de atropellos brutales, con la sola intención de enriquecerse a costa del débil.
“También la Lluvia”: Una Guerra Por el Agua.

Analizando la temática, en sí, de la producción “También la Lluvia”, tenemos que una empresa privada (con la anuencia corrupta, por supuesto, de las autoridades) ha empezado a controlar el vital recurso (el agua), al tiempo que se lo cobran a unos pocos que pueden pagar por él.

Desde el punto de vista cultural, esta película nos enseña cómo los ricos y poderosos tienden (como siempre ha sucedido, a lo largo de la historia) a apoderarse de los recursos más valiosos de cada momento histórico.
Para lograrlo, nos les importa, en lo absoluto, que los desposeídos y, consecuencialmente, débiles, sufran las consecuencias de sus infames atropellos.

Lo mismo sucede, por ejemplo, con las licencias de explotación minera, que son otorgadas a poderosas multinacionales que, con la corrupta anuencia de los gobiernos de turno, irrumpen en el medio ambiente sin que les interese, para nada, que el calentamiento global es un fenómeno real y que puede causar severos daños a las poblaciones y sociedades pobres.

En resumidas cuentas, lo que hicieron los conquistadores, hace 500 años, se sigue repitiendo, una y otra vez, en todos los rincones del planeta, demostrando que “el pez grande siempre se devorará al pequeño”, como sucede en la guerra por el agua, hasta que la civilización llegue a tomar consciencia, por fin.